martes, 24 de septiembre de 2013

Anglophibe

Quizás mi predilección por lo británico no sea tan exclusivo, tan cerrado, sino más bien se expande a todo lo anglosajón. De ahí que este verano haya sido de los mejores de mi vida, visitando Londres y luego.. the States! ¿Tiene alguna explicación ser tan anglófila? Es algo bastante extraño, ya que España es anglófoba por excelencia.
Inexplicablemente es un idioma que me suena precioso, mucho más que el mitificado francés. Me gusta la cultura, disfruto de cualquier película o serie en versión original y me quedo embobada cuando alguien a mi lado está hablando inglés.


lunes, 9 de septiembre de 2013

The phantom of the opera

Al viajar a ciertas ciudades, como es en este caso Londres, es de obligado cumplimiento asistir a algún espectáculo, ya bien sea ópera o musical (incluso ballet - no te puedes perder el cascanueces en NY).
En el West End londinense, un teatro bien reconocido ya tras sus más de 10.000 representaciones, el Her Majesty's Theatre, nos lleva 25 años ofreciendo esta obra basada en el relato de Gaston Leroux, que Andrew Lloyd Webber convirtió en musical en 1986.



miércoles, 4 de septiembre de 2013

Keep calm and carry on - part two

Un tema recurrente y altamente debatido sobre Inglaterra es y seguirá siendo (por los siglos de los siglos) la gastronomía. ¿Gastronomía inglesa? ¿Pero eso que es? Será una broma, ¿no? ¿Es que existe algo más que el porridge  y los fish & chips ?
Nadie duda que los  dairy products no tiene rival. La leche fresca inglesa, vendida en galones, la mantequilla... tienen un sabor que cualquiera que lo haya probado sabe que no va a encontrar nada parecido en nuestras fronteras. ¿Y el pan de sandwich? Eso ya es para gourmets, ¡cómo se nota su origen sureste isleño!
Como golosa y chocolatera que soy, otro punto a favor son los miles de tipos de chocolatinas que hay: con leche, con caramelo, relleno de menta, toffee, mis queridos flakes (sobretodo si van acompañando a un helado - 99 Flake)...
Con todo esto, podréis imaginar que no hay viaje a tierras de Churchill en la que no traiga en la maleta (y en mi propia persona) un par de kilos de más dedicados a las chocolate bars.